Entrevista: Carlotta “Anam”, peregrina Camino de Santiago
Entrevista a Carlotta “Anam”, la peregrina que convirtió el Camino de Santiago en arte y transformación
Sobre la peregrina Carlotta “Anam”, peregrina Camino de Santiago
Entrevista: Carlotta “Anam”, peregrina Camino de Santiago: Carlotta “Anam”, originaria de Monticello d’Alba (Italia), llegó al Camino de Santiago con 36 años dispuesta a reinventarse. Desde 2024 ha caminado el Camino Francés y el Camino Portugués de la Costa, ha servido como hospitalera voluntaria en Oporto y ha esparcido por todo el mundo sus piedras-flecha pintadas a mano, símbolo de luz y guía para otros peregrinos. Hoy comparte con nosotros una historia de renacimiento interior que inspira a quienes sueñan con dar su primer paso hacia Santiago.
Entrevista completa
1. ¿Qué te motivó a hacer el Camino de Santiago por primera vez?
Siempre tuve dentro de mí una postal. Una visión viva, intensa: senderos soleados, mochilas marcadas por el tiempo, la concha como símbolo de un viaje hacia el alma. Durante años permaneció allí, suspendida entre el sueño y el deseo. A los 36 años, cansada de un trabajo fijo que no me representaba, tomé una decisión radical: renuncié para entrar en la postal de mi alma. Era el momento de caminar mi verdad, de seguir el Camino de las Estrellas. El Camino me llamaba desde dentro, y fue allí donde decidí regresar.
2. ¿Qué ruta hiciste y por qué elegiste esa?
Elegí el Camino Francés, desde Saint-Jean-Pied-de-Port hasta Finisterre. No fue solo una elección logística, fue simbólica, casi alquímica. Para mí era el Juego de la Oca, un viaje interior que reflejaba el proceso de transformación. Quería ponerme a prueba, salir de mi zona de confort, buscar respuestas, sanar. Cada etapa fue un reto y una caricia, un encuentro con los demás y conmigo misma. Era el Camino de las Estrellas, y yo estaba allí para reencontrar mi centro, mi voz, mi alma.
3. ¿Cuál fue el momento más especial o emotivo que viviste durante el Camino?
Entre los momentos más conmovedores, hay uno que está grabado en mi corazón: caminar de noche, completamente sola. Sin luz, salvo mi linterna. Sin ruidos, solo mi respiración y mis pasos sobre el sendero. Caminar en la oscuridad total, sin saber qué había delante, fue como atravesar simbólicamente mis miedos más profundos. Y allí encontré mi verdadera luz interior. Esa que ninguna noche puede apagar. Fue un momento de verdad, de vulnerabilidad y de poder. La oscuridad ya no era enemiga: era la cuna de mi renacimiento.
4. ¿Qué llevabas en la mochila que resultó imprescindible (o totalmente inútil)?
Mi diario fue esencial: un espacio sagrado donde recoger emociones, historias, enseñanzas y transformaciones. Escribir cada noche me ayudaba a detener el tiempo y a escucharme de verdad. Inútil, en cambio, fue gran parte de la ropa: llevaba demasiado, convencida de que me haría falta. Pero el Camino enseña que cuanto menos llevas, más vives. Te libera, te aligera por dentro y por fuera. Es un acto de confianza: en el Camino, en la vida, en lo que encontrarás.
5. ¿Qué consejo le darías a alguien que va a hacer el Camino por primera vez?
No intentes controlarlo todo. El Camino está vivo, es un maestro silencioso y poderoso. Te hablará en los detalles, en lo inesperado, en los encuentros. Confía. Deja espacio al asombro. Camina con el corazón abierto, acoge todo: el cansancio, la lluvia, el sol, la soledad y las sonrisas. Cada cosa está allí para enseñarte algo. Y no tengas miedo de cambiar de ruta si tu corazón te lo pide. El verdadero camino es interior: los kilómetros son solo un pretexto para volver a ti.
? El Camino nunca termina
Después de recorrer el Camino Francés entre julio y septiembre de 2024, algo dentro de mí cambió para siempre. Así que en marzo de 2025 volví a Oporto por tres meses y medio como hospitalera voluntaria, ofreciendo acogida, cocina, cuidado y sobre todo masajes holísticos a donativo, para devolver el Amor recibido en el sendero.
Durante ese tiempo comencé a pintar piedras con la flecha amarilla, símbolo del Camino. Las dejaba a los peregrinos que las llevaban consigo: ahora están esparcidas por el mundo, en sus mochilas, en sus corazones, a lo largo de los senderos. Una pequeña semilla de luz que sigue caminando.
En junio volví a sentir la llamada del camino. Así emprendí el Camino Portugués de la Costa, cruzando la Variante Espiritual, hasta llegar a Santiago. Cada paso era un latido del alma.
Volví a Italia el 7 de julio de 2025, pero la peregrina en mí nunca se quitó la mochila. Porque el Camino no es un lugar: es una forma de estar en el mundo, y nunca termina de verdad.
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